9 formas de cultivar la buena voluntad

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La evolución nos ha proporcionado un cerebro eminentemente social. Tenemos estructuras cerebrales especialmente preparadas para interpretar la conducta social y también poseemos neuronas dedicadas específicamente a reflejar los sentimientos de los demás, las neuronas espejo. Esto nos permite conectar con los demás, ser empáticos, cooperar, cuidar y amar.

Sin embargo esa misma evolución también nos ha dotado de un cerebro muy sensible a cualquier “amenaza”, estamos muy bien preparados para reaccionar con agresividad, luchando o huyendo. En este momento evolutivo en que las amenazas a la supervivencia no provienen de la naturaleza, hemos convertido a “los otros” en la fuente de nuestro miedo.

En su libro, El cerebro de buda: la neurociencia de la felicidad, el amor y la sabiduría, Rick Hanson desarrolla esta idea, incluyendo consejos de cómo estimular y reforzar los circuitos neuronales de autocontrol, empatía y compasión.

Para domar el lobo del odio, es importante gestionar la “mala voluntad” o mala intención – sentimientos e intenciones irritadas, resentidas y enfadadas hacia los demás. Aunque parezca justificada en un momento dado, la mala voluntad daña más al remitente que al receptor. En otras palabras, tener mala voluntad hacia los/las demás es como tirarles carbón ardiendo con las manos desprotegidas o tomarte un veneno esperando que mate al otro, ¿no parece muy inteligente, verdad?

Evitar la mala voluntad no significa ser pasivo/a, permitiendo que los/las demás te exploten, ni quedarse callado/a ante las injusticias, etc. Hay muchas formas de decir la verdad y actuar poderosa y efectivamente sin sucumbir a la mala voluntad. tenemos grandes ejemplos de esto en personas como Gandhi, Martin Luther King o el Dalai Lama. De hecho, con una mente clara y un corazón pacífico es más probable que tus acciones sean más efectivas aunque quizá sus efectos tarden algo más de tiempo en llegar.

La mala voluntad crea círculos viciosos negativos. Recibimos daño y devolvemos daño, entonces el otro recibe daño y devuelve lo mismo, y así permanentemente.

Pero esto también significa que la buena voluntad crea círculos virtuosos positivos y, además, cultiva cualidades saludables en uno/a mismo/a.

¿Cómo lo hago?

  1. Cultiva emociones positivas

Nutre y desarrolla verdaderamente las emociones positivas como la felicidad, la satisfacción y la paz. Por ejemplo, busca aquello por lo que puedas sentirte feliz y disfrútalo siempre que puedas. Los sentimientos positivos calman el cuerpo, tranquilizan la mente, nos protegen contra el estrés, y fomentan las relaciones de apoyo, todo lo cual reduce la mala voluntad.

  1. Practica el no-contagio y la no-reacción

No pelees a no ser que tengas que hacerlo. En tu propia mente, trata de no dejarte arrastrar por las corrientes mentales de otras personas. Reflexiona sobre las turbulencias neurológicas que subyacen a sus pensamientos: la agitación increíblemente complicada, dinámica y en gran medida arbitraria de conexiones neuronales momentáneas que acontecen. Enojarse por los pensamientos ajenos es como enfadarse por el rocío de una cascada. Intenta desvincular tus propios pensamientos de los de la otra persona. Recuérdate a ti mismo/a: “El/ella está ahí y yo estoy aquí. Su mente está separada de la mía”.

  1. Ten cuidado al atribuir intenciones

Ten cuidado al atribuir intenciones a los demás. Las redes prefrontales según la “teoría de la mente” atribuyen intenciones de forma rutinaria, pero normalmente son erróneas. En la mayoría de las ocasiones eres simplemente un peón más en los dramas de los/las demás. Sus intenciones no van dirigidas a ti en particular. Elige no tomarte las cosas demasiado personalmente. 

  1. Date compasión

Cuando te sientas tratado/a inadecuada o injustamente, ofrécete compasión. Se trata de un cuidado de urgencia para tu corazón. Intenta poner una mano sobre tu mejilla o sobre tu corazón para estimular la experiencia corporal de recibir compasión. Así activas el sistema de calma y apego. Ofrecerte un tacto cálido y amable permite reconocer, atender y sostener tu propio dolor confortándote en primer lugar para poder después decidir cuál es la acción más sabia.

  1. Recibe el trato inadecuado con bondad amorosa

Tradicionalmente, la bondad amorosa ha sido considerada como el antídoto directo a la mala voluntad, así que considera recibir el trato inadecuado con bondad amorosa. No importa cuál. Un famoso sutra en el budismo establece un alto estándar: “Incluso si unos bandidos te cortaran salvajemente miembro por miembro con una sierra de dos manecillas, deberéis cultivar esto: “Nuestras mentes permanecerán sin ser afectadas y no pronunciaremos malas palabras; permaneceremos compasivos por su bienestar con una mente de bondad amorosa, sin odio interior””. (Nanamoli and Bodhi 1995, 223)

Pocos alcanzamos este nivel, pero si es posible seguir amando aun siendo tratado de forma horrible (y para algunas personas en horribles circunstancias sí que lo es), entonces será mucho más fácil conseguirlo en situaciones más leves, como estar en un atasco de tráfico o cuando un adolescente te falta el respeto.

  1. Comunícate

En la medida en que sea útil, expresa tu verdad y defiéndete hábilmente a ti mismo/a con asertividad. Tu mala voluntad, tus emociones difíciles como el enfado, el miedo, la rabia, etc., te están diciendo algo. El arte está en entender el mensaje – quizá esta otra persona no es un/a amigo/a de verdad o necesitas poner límites mas claros – sin verte arrastrado/a por el enfado. En muchas ocasiones cuando actuamos desde la reacción emocional el resultado no nos hace sentirnos muy orgullosos/as de nuestra actuación.

  1. Observa con perspectiva

Observa con perspectiva todo lo que ha pasado. Los efectos de la mayoría de los eventos se desvanecen con el tiempo. También son parte de un gran todo que en su mayoría está bien. Crecer en ecuanimidad y ser consciente de la impermanencia de todo lo que acontece nos ayuda a tomar distancia, ser pacientes y aceptar las cosas como son. Aunque no nos gusten.

  1. Practica la generosidad

Utiliza aquello que te perturba como una oportunidad para practicar la generosidad. Prueba a permitir que los/las demás consigan lo que quieren: una victoria, su parte de dinero o de tiempo, su ascenso. Sé generoso/a con tolerancia y paciencia. Date cuenta de que el éxito, la felicidad, el bienestar, son ilimitados. Que otros los alcancen no merma en modo alguno nuestras opciones.

  1. Cultiva cualidades positivas

Cultiva las cualidades positivas como la amabilidad, compasión, empatía y calma. Y no te olvides de la alegría. Busca en tu vida cotidiana todas esas fuentes de alegría que te rodean (muchas veces pequeñas cosas que pasamos por alto) y permítete saborearlas. Detente, deléitate, disfruta y suelta. Nutre y cultiva tu propia buena voluntad

Basado en el artículo de Rick Hanson